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Martes 13 de Octubre de 2009 16:39 |
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Cuando se forma un negocio, generalmente una Mipyme, el dueño tiende a recurrir a aquellas personas con las que siente más confianza: la familia. Sin embargo, esta situación genera trampas que el dueño debe evitar con el fin de tener una mejor administración.
Carlos Miguel Barber Kuri, vicerrector académico de la Universidad Anáhuac México Sur, explica que cuando se forme una empresa “el dueño no necesariamente tiene el conocimiento de cómo manejar, dirigir o administrar su propio negocio”.
Ésta es una de las trampas de las empresas familiares: la capacidad entre ser dueño y saber dirigir la empresa. Agrega Barber Kuri: “no se tiene capacitación, asesoría o conocimiento lo que genera una administración informal que hace que se pierda la visión a largo plazo”.
Otra de las trampas que surge es la confusión a la hora de fijar las retribuciones. Es común que el promedio de salario para un puesto sea más bajo que el pagado por el dueño.
Fernando Cabrera, de la División de Negocios del ITSM Campus Ciudad de México, explica que es fundamental dividir a la empresa de la familia y reclutar personal con base en capacidades y no en afectos.
El afecto es un arma de dos filos, pues el afecto puede hacer que los lazos sean más fuertes; el problema es cuando esos lazos comienzan a controlar el rumbo de la empresa, pues se pierde dirección y capacidad de mando.
Ana Paula Flores / El Empresario de El Economista
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