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No deja de ser una paradoja el que una de las principales actividades económicas del país, que destaca por su capacidad de generación de empleos y cuya oferta básica atiende una creciente necesidad de la sociedad, enfrente una de las peores crisis de la historia.
Y no sólo nos referirnos a las consecuencias que se derivan de la reciente y multicitada crisis epidemiológica, ni a los efectos de la coyuntura económica que afecta, prácticamente, a cualquier actividad productiva. En realidad, los restaurantes sufren con claridad una lluvia sobre mojado y son víctimas también de aquello que reza que al perro más flaco se le cargan las pulgas. ¿Por qué las afirmaciones? Tratemos de explicar.
La climática expresión es utilizable en tanto que a este sector se le enfrió la sopa el año pasado cuando se combinaron los efectos de la aplicación de algunas reformas fiscales especialmente el IETU y el pago de impuestos sobre los depósitos en efectivo; una creciente inflación en los costos de las materias primas, muy superior a la del conjunto de la economía; y la entrada en vigor de la ley antitabaco en el Distrito Federal. Así, de acuerdo con las estimaciones de la cámara del ramo, la caída de las ventas para los primeros meses de 2009 supera 15%.
Por otro lado, la estimación de las pérdidas económicas producto de la cuarentena restaurantera en la ciudad de México se calcula en mil 200 millones de pesos, de los cuales entre 300 y 400 millones correspondieron a la caducidad de productos perecederos.
Y si bien un país como México, con las enormes limitaciones de gasto público que tenemos, justificaría un mayor compromiso fiscal de una industria con las características particulares de la restaurantera, prevalecen prácticas que nos remiten a la perruna referencia en lo que toca a la proliferación imparable de la actividad informal, que por cierto se queda al margen de las reformas fiscales. Tan sólo por dar una estimación del tamaño del problema, se calcula que en tanto en el Distrito Federal existen o existían hasta antes del virus AH1N1 alrededor de 35 mil establecimientos formales, en lo que respecta a los informales se estima la existencia de 70 mil puntos de venta, los que, además de que seguramente tienen una carga fiscal distinta, representan un problema real de salud pública cuyo costo supera con creces el impacto directo de la reciente coyuntura.
Aunque los apoyos fiscales y financieros que se han anunciado y puesto en práctica en los últimos días se aprecian y se aprovechan para enfrentar los problemas de liquidez de los negocios restauranteros, parecen insuficientes para brincar los problemas estructurales.
En esta industria se antoja la puesta en práctica de dos medidas que deberían fortalecer los ingresos que, eventualmente, permitan el pago de los pasivos que hoy se adquieren y que son: la ampliación de los beneficios de la deducibilidad en los consumos con los candados que prevengan los excesos y un combate más frontal y decidido a la informalidad.
En lo tocante al primer punto, no se entiende el que el beneficio que hoy existe permite únicamente la deducción de 12.5%, a diferencia del que tienen nuestros socios comerciales del TLC y que es de 50%. De acuerdo con los estudios con los que cuenta la Canirac, permitir la deducción en condiciones similares a las de estos países tendría un impacto sobre la recaudación del ISR a lo sumo de 2.39%, que ampliamente sería compensado por el incentivo que tendrían los consumidores al realizar estas operaciones y por la mayor capacidad fiscalizadora producto de la obligatoriedad de la facturación para la obtención del beneficio.
Estas medidas bien pueden apuntalar una industria en época de vacas muy flacas, que de acuerdo con estimaciones oficiales está compuesta por cerca de 300 mil unidades económicas, generando alrededor de 3% del PIB nacional, y que ocupa de manera directa a un millón de mexicanos en número redondo; a todo ello habría que agregar su poderoso efecto de arrastre sobre la producción agropecuaria y en consecuencia su papel activador del desarrollo regional.
Director de la Escuela de Turismo de la Universidad Anáhuac México Norte
2 de junio / El Universal / Francisco Madrid Flores
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